La primera vez que leí un grimorio era un adolescente. Evitaba leer algunas partes de los libros, porque tenía miedo que con sólo leer los conjuros invocaría accidentalmente algún demonio. Poco a poco fui aventurándome más y más en esos viejos textos, y ahora incluso recito en voz alta sus contenidos, y convivo con Orobas, Sitri e Ipos. Siento que he perdido algo en el camino, pero no sé si es mi alma o algo más. Ciertamente he obtenido ciertos beneficios en el proceso, pero no es suficiente.
Nunca lo es.

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